miércoles, 22 de marzo de 2017

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Los ojos, mis ojos insomnes de los que retiro telarañas con mis dedos de larvas, delgadas  y pegajosas, húmedas e invertebradas… mi garganta es un nudo y es el fondo del mar… adentro, muy adentro me lleno de todo y de nada, de todo eso que no puedo abarcar, del borde, del abismo, del vértigo. Adentro, muy adentro, criaturas abisales esperan naufragios en las cuencas y en los nervios, las veo y las siento, depredadores susurrantes y prehistóricos me acechan los oídos… yo soy bestia y no respiro… tengo miedo y está en la raíz de mi pelo que se extiende en esa superficie acuosa sin principio ni final…  mi lengua... un molusco escondido que se niega a articular sonidos... alguna pista más allá de las señales inaudibles... aquí estoy yo... mis huesos son coral y mi piel papel traslúcido por el sudor, sudo agujas congeladas... soy líquida, sin tiempo... soy el miedo, el miedo mismo pendiendo de la frente como gotas, como perlas, como sangre... estoy suspendida y siento la noche, el agua y seres hambrientos que sin verlos me rodean los tobillos.

Yo te vi en la oscuridad, te llamé y de mi boca sólo salía agua a borbotones… salada… oscura e inmensa como los insomnios y los terrores.

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