domingo, 18 de diciembre de 2016

Ayer y Azul...



Quisiera ir a ver los inicios de todo, del descubrimiento del fuego y del dolor, del miedo, del hambre y del amor, el momento exacto, la cúspide de lo humano, para poder estar tranquila con el paso del tiempo, con el sonido de la máquina, y el ansia de los dientes y la carne; tiempo antes del tiempo en pantanos humeantes, lejos de la esquina hedionda a humanidad... Viajamos de noche, en silencio como quien escapa, lejos de los pueblos vivos, lejos de este calor. Salí de casa a los 16, y todo lo he hecho terriblemente mal desde entonces, es torpeza principalmente, pero siempre extrañaré la casa, y el monte lejano, las iguanas y las brujas, las lloronas y las mohanas, las canoas cerca al muelle que de noche me asustaba, lo miraba por la ventana del carro, con vértigo, como si la inmensidad me golpeara la cara y el Magdalena oscuro me rompiera los huesos sin tocarme, comprimida e impedida para nadar por todos los miedos primeros, porque nunca gateé, porque nunca respiré más allá de la puerta de la casa, porque la incertidumbre era un fantasma de afilados colmillos que dormía entre las palmas agitadas por las tormentas eléctricas que ocultaban mis cortinas con garzas dibujadas... 

La sangre nunca me tocó ni la punta de un dedo del pie, y evitaba a toda costa que el polvo amarillo y reseco por el sol tocara mi rostro. Afuera, todo lo vi desde afuera, perros famélicos mordiendo el polvo, mosquitos llenos de sangre volando pesado, hormigas rojas en las grietas del piso, morrocoyas de caparazón hirviente, mariposas sofocadas anunciando visitas,  Cocodrilos de hedor mortecino cosechaban cadáveres desmembrados ensopados en la ciénaga, afuera en el peligro, el olor gritaba... No me vieron descalza los que ahora me ven... Mi pelo era más negro que la noche del río, y lo teñí para darle la violencia de las esquinas, de la guerra y del amor... ¿En qué lugar se encuentra la llama de las lágrimas y los abandonos? Yo tenía miedo, yo la escondí en el frío y en el tráfico. 

No me mire como esas personas que van dos días al mar y vuelven iluminadas, ni como esas que pisan el polvo desde la otredad... Ud puede ver pero no ser... Puede venir y sentir, pero no ser... Porque yo soy de todas partes... Soy camaleónica para poder sobrevivir, para que no se vean mis raíces, y para que no se sepa cuanto tiempo llevo aquí, o allá... Yo viajo de noche, como quien se escapa... Tengo calor y la punta de la lengua está afilada... A todos los quise, así sea por respeto y por rendir recuerdos, no duermo temprano, pero duermo mucho, a ellas no las quise tanto, fue la histeria... Dios sabe que le temo porque rezo todas las noches, para pensar en lo bueno que me queda.

No hay que desviarse, creo firmemente que las cosas salen mal desde la cuna... Y no por mi mamá sino porque yo venía al revés, me senté para empezar a hacer todo más difícil, y estudié todo lo que no sirve para nada, tengo todas las habilidades inútiles, y muy pocas ganas de mostrarlas, aprendí a bailar de milagro, porque mis pies le temen a las escaleras, pídele a Dios por mí mamá, porque a veces me caigo, y más por ingenua que por torpe.

Campos espectrales de luciérnagas ensordecidas por los grillos... Tengo miedo de no volver, y  silenciosa trato de adivinar mi propia muerte, la construyo en mi cabeza, me olvido y me lloro… somos todo aquello que no es… no hay manera de anticiparse a los giros de la muerte, ni de la fortuna… mi mala sangre me guarde, mis ojos nublados no la verán venir… esa muerte silenciosa que me asusta con su nada cuando no hay nadie, y el corazón me golpea el pecho, y mi cabeza repasa estrategias de despedidas y partidas. Dejo mi mano colgando de la cama…

Pasa el gato, y pasa el tiempo escondido entre sus garras, me estoy haciendo vieja… y de repente todo me aburre, respiro con dificultad, soy una bestia prehistórica.

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