domingo, 8 de junio de 2014

De los imaginarios y los incendios...

Alguna vez viste como me brillan los ojos cuando voy a fragmentarme… montones de esquirlas rojas… suicida. Luego voy despacio reagrupándome, no es lo mismo que la retirada.  Yo nunca me retiro a tiempo, porque tengo la intención de saber cómo acaba… de buena gana me lanzaría al final de la historia sin necesidad de saber cómo llegamos hasta aquí.

La noche no es joven… es más vieja que la memoria… supera lo ancestral, es casi arcaica… el que dijo que la noche era joven, apenas y balbuceaba ante lo tenebroso…  y yo a veces abro los ojos para devorar la luz y la velocidad de mis lanzas, de las palabras y mi pelo rojo, de verme bailar y besar y estallar y morir, y a la mañana siguiente me aburro de nuevo… salgamos todos a  vomitar en el asfalto humeante en el frío más severo…

Quieto… despacio que se te nota que nunca habías visto un lobo tan bien disfrazado de cordero como yo,  te miro desde abajo… y luego hacia un lado, como para no mirarte más y mirarte sin mirarte realmente, como mirando la estela de viento que arrastra lo que recuerdo de tu imagen.  ¡Tengo la gran idea!  Si no podemos ser el uno del otro, siempre por siempre y para siempre, como piensan que son en uno del otro las personas normales… pues te la voy a poner demasiado fácil… tienes poco tiempo y soy rápida y fugaz…

Te jalo del brazo… ya conozco la calle conozco la música… conozco a la gente… y no voy a quedarme a gastar mi tiempo con ellos. Conozco todos los sitios oscuros, hasta los que tengo en mi cabeza…  voy a atarte cuanto más pueda… a enredar tus dedos en mi pelo rojo…

Siempre me dijeron que los hombres se conquistan por el estómago… y eso funciona sólo hasta la cama… entonces es un asunto de piernas y caderas… de espaldas y contorsiones…  pero no hay problema entre mis risas y mi inestabilidad, antes de caer podríamos jugar a la pesadilla completa… desde el amor, a la comida, al amor y los gritos, luego las cosas que se arrojan y se rompen y luego si a decirnos hasta nunca, y hasta siempre… y quizás un siempre nos quedará París.


Así como si yo fuese tuya y tú no tuvieras un sitio al cual regresar. Entro segura como las bestias en su guarida…  se va mi ropa… queda mi pelo rojo  cayendo por mi espalda… veo el espejo del baño, me veo y me encanto…  no me das tiempo, no me das un respiro, me quedo debajo de ti y me siento elevada por los aires cada vez que por arte de fuerza y de la ausencia de mi voluntad, mi posición es cambiada, puedo ver la otra cara de mis demonios en tu cara…  y vuelvo a ser fuego… y sé que de sientes sobre las brasas… somos tinta, carne, huesos y sangre…  y unas exhalaciones y bramidos que se ahogan,  somos violencia…

’Te amo’’  ¿qué me has dicho? Las vías de escape se cerraron hace mucho… y estoy entre la espada y la pared. Tengo el delantal y nada más… ah! Sin la copa de vino y el cigarrillo… arrojo carne a la sartén y la retiro a término medio… mientras me ves cocinar y reír y mirar sin mirar de nuevo… no te pregunto cosas que no me puedas responder, sólo me entretengo con abstracciones que hacen mucho más daño…

Mi comedor de 6 puestos para comer sola tiene otros espacios pero como sentada en tus piernas…  y me dispongo a contarte los cuentos… cuando los parpados te pesan… y te cuento de las personas que si pueden… aunque eso lo sabes bien, para mí son solo cuentos de final borroso…  ¡verdes! ¡Tus ojos son verdes! Y eso será lo que recuerde cuando no tenga más tiempo para llevarme otro recuerdo.  Y entonces se nos ocurre lo imposible y traemos el infierno, y te odio y me odias y me quieres rescatar y se escuchan los reproches a gritos! Y los lamentos de no habernos conocido antes… y las cosas que hubiesen pasado… y las cosas que no se rompen y se olvidan…

Me deslizo  en tus brazos, para sacudirme un poco más pero más suave y más lento… me acomodo y te miro… y en cuestión de segundos, cuando los rayos del sol vuelven, tú estás en tu cama, y yo de vuelta a mi pedestal… cada cosa en su lugar.

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