miércoles, 12 de marzo de 2014

Piromanía I

Tengo el pelo del color de las fresas y la sangre fresca, los labios rotos, los tacones ruidosos y el vestido contra la brisa; me sacudo las humedades que la lluvia dejó en mi piel y rujo con hambre de mundo y de carne, con rabia entre los dientes y las piernas... cuando pensaban que yo me apagaría, un último grito estalla, se rompen las uñas, rechinan mis fauces, se escapan los engendros de los estantes, mis bestias vivas en mi último minuto, y en este último minuto planeo prenderle fuego a todo, urgencias y piromanía.

¡No me mires como si me amaras, que eso no me apacigua!

No me traerás de vuelta, ya no hay milagros posibles... perdida en mis pesadillas y tus culpas... cuando las luces se apagan, salgo corriendo con el frío quemándome la cara, con la calle y los horrores, gente deforme, alargada y quejumbrosa... madres, esposas, mujeres, vivas, aparte yo que no me reflejo en ellas. Estuve a punto de caer, manos de arena movediza me atrapan los tobillos.

No necesito tu mano, estoy a medio camino de mi pedestal, a medio minuto de la combustión espontánea. 

Estoy afuera en la lluvia y los ojos me arden, he caminado suficiente. Abro la puerta, ya estarás en casa, entre el deber y la costumbre, me borraras al despertar... Mis pies descalzos sobre el pedestal, la piel se fragmenta, fuego, luz, carne y sangre; todo estalla y se comprime de nuevo en frío mármol o en pequeñas partículas de polvo ¿ quién sabe en dónde estoy ahora? Momentos después todo vuelve a su lugar... el despertador, las pesadillas de ojos abiertos, los tacones y el vestido, y todo empieza de nuevo, correr otra vez, arder otra vez, soy Atlas, soy Prometeo... 


 

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