sábado, 22 de noviembre de 2014

Formas anfibias.

Aislada, no me acerco porque tengo la idea de ser una estatua de sal...
me mantengo a un lado de la gente, o los miro desde arriba o lo hago desde abajo, luego atrás, y finalmente sumergida... ya he adquirido esa capacidad de no apagarme en el agua y de poder respirar bajo tierra. Quédate callado, que si me viste alguna vez hoy ya estoy extinta.

(Fragmento de algo que escribí en vacaciones y se me fue en la lavadora... hoy encontré lo que sobrevivió en el bolsillo de un pantalón)

A todos ustedes...

Morí con el primer libro cuando aún estaba descalza,  y muero cada vez que desaparezco por arte de magia.  No pensaba mucho en esa época porque el calor me sofocaba y sólo podía crear recuerdos para cuando regresara a morir, porque una vez que sales de la tierra bermeja, es más una vez que sales de la tierra materna, te moverás para siempre; no serás ya de la casa, los ventiladores, los mosquitos y el calor… y hasta la cosa más horrible se magnifica y embellece por esas nostalgias que atacan donde más duele; Y tampoco soy de estos edificios y de este frío intenso, aunque este sea también mi hogar, algún día partiré… algún día moriré y entonces tendré demasiados sitios a donde volver.  La brujería, todo aparece sin pensarlo, aquí donde tengo lo que quiero con sólo mirarlo, así sea de a raticos…  alguna vez azul cuando mi mamá me dio el libro… y de ahí hasta ahora, nadie, pero nunca nadie será capaz de entender mi propio infierno…  ¡ustedes! ¡Ahí les dejo sus libros, sus egos y sus falos! 



viernes, 21 de noviembre de 2014

Duermevela I

(A David, mi novio, mi mejor amigo, y mi nakama... te amo infinito!)

Es esta forma de quererte al borde de la desintegración…
Son hilos rojos… es mi pelo y el meñique…


Es lo horrible visto de cerca y nuestra rabia que a veces puede destrozar, es correr a ti porque el mundo aterra, y también es  lo sublime que  seguro huele a tu piel, que es el igual al frío y a la lluvia, al borde y al vértigo. Eres imponente y eres bestia, monstruo con garras y fauces; y son mis ojos muy abiertos y oscuros buscándote todo el tiempo… y a veces me quedo sin aire… y dejo mi cabeza en el infinito que está en tu pecho.  

Tengo frío en la punta de mis dedos pequeños,  y busco tus manos y me enredo como si me pudiese perder,  con miedo de no ver el universo en tus ojos de nuevo,  y de que yo pudiese desaparecer sólo por soltar tu mano… Tengo los latidos del corazón y los pasos muy cortos, camino en puntas de pies junto a ti, apresurándome para poder alcanzarte, para no perderte de vista, para cuidarte cuando la cabeza parece estallarte, cuando el mundo es mucho y nos asedia, están de nuevo mis manos para tu frente…  Y a veces, también me canso y me detengo sofocada para que me saques del mundo, porque no pertenecemos a él, sino que nos pertenecemos el uno al otro… Esta vida y la otra… y todas las vidas de los gatos, las que espero que nos dure estar juntos. Somos reptiles prehistóricos en reposo, abriendo y cerrando los ojos sólo para vernos, lentos, incluso cuando el tiempo deje de ser tiempo.


lunes, 30 de junio de 2014

I am the lizard queen...




‘’Hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar’’ N. Vegas.

Hace calor... me hago lenta... en este infierno lleno de mariposas amarillas entre los cayenos... soy un reptil en la sombra... soy una bestia de respiración lenta y malas intenciones... estoy en reposo, con los ojos entrecerrados digiriendo al mundo. Soy primitiva, brutal y húmeda… me muevo antes del tiempo con la piel venenosa, te abro las piernas y las fauces… latidos lentos y contundentes… ojos asesinos vidriosos y pacientes sonríen en la oscuridad espesa y empantanada de mi habitación, hace calor y mis piernas se deslizan como para atrapar una presa… dientes y lenguas… afuera todo es sequía y polvo amarillo… Soy un lagarto, bestia prehistórica de sangre fría, soy una reliquia en medio de tanta razón… tinta y sangre… es mi carne desgarrada, ¡me han mordido! Y rujo con furia y doy la vuelta mostrando mis dientes, hundiéndolos en la oscuridad… sangre derramada… he mordido la piel equivocada…

Me recojo mirando las heridas… esto es juego largo, es ritual prehistórico, es tiempo en círculos… no me miren mientras cambio de piel, mientras rayo las paredes enferma y vacía, en imágenes y palabras, estas son mis huellas de lo rupestre, repetidas y malditas, contemplan con desprecio el paraíso no heredado, vetado el mundo diáfano para la mugre bajo mis pies… y resoplo burlona… ¿a quien le importa? Estoy paseándome entre el fuego y el azufre... pero un momento, me he perdido… quiero el frío de muertes de las aguas oscuras… para incendios tengo mi pecho y mis entrañas… tengo fuego en la punta de los dedos, en el filo de la lengua…

Después de ir y venir de mis pesadillas y de donde se pierden las palabras, una gota de sudor resbala por mi vientre mientras mi espalda se arquea en el piso frío… calor infernal… tensión en el arco , la flecha en mi pecho… la lluvia refresca mi rostro encendido y las hormigas bravas y rojas caminan devastadoras por mi cuello, la espina dorsal y las caderas… avanzan peligrosas y encendidas a profundidades vulnerables… una conmoción, una agitación, una convulsión en el sopor, sofocada… es el viento pesado y me invocan mis súbditos con percusiones salvajes y gritos obscenos… si, me hirieron, es cierto… pero tengo a los Stones, los cigarrillos y otros brazos… tengo alabanzas y plegarias… y enorme y aterradora regreso al Nilo a quebrar huesos y morder el polvo…de vez en cuando… Depredadora… no dejo títere con cabeza… Estas son mis condiciones… no rendirse hasta que alguien salga herido… Esta soy yo… contradiciéndome en la mitad del desierto… cree en todo lo que te digo son verdades absolutas e irrevocables… así irrevocables e irreversibles, irremediables... como el amor y como la muerte, como las ganas y el crimen.

domingo, 8 de junio de 2014

De los imaginarios y los incendios...

Alguna vez viste como me brillan los ojos cuando voy a fragmentarme… montones de esquirlas rojas… suicida. Luego voy despacio reagrupándome, no es lo mismo que la retirada.  Yo nunca me retiro a tiempo, porque tengo la intención de saber cómo acaba… de buena gana me lanzaría al final de la historia sin necesidad de saber cómo llegamos hasta aquí.

La noche no es joven… es más vieja que la memoria… supera lo ancestral, es casi arcaica… el que dijo que la noche era joven, apenas y balbuceaba ante lo tenebroso…  y yo a veces abro los ojos para devorar la luz y la velocidad de mis lanzas, de las palabras y mi pelo rojo, de verme bailar y besar y estallar y morir, y a la mañana siguiente me aburro de nuevo… salgamos todos a  vomitar en el asfalto humeante en el frío más severo…

Quieto… despacio que se te nota que nunca habías visto un lobo tan bien disfrazado de cordero como yo,  te miro desde abajo… y luego hacia un lado, como para no mirarte más y mirarte sin mirarte realmente, como mirando la estela de viento que arrastra lo que recuerdo de tu imagen.  ¡Tengo la gran idea!  Si no podemos ser el uno del otro, siempre por siempre y para siempre, como piensan que son en uno del otro las personas normales… pues te la voy a poner demasiado fácil… tienes poco tiempo y soy rápida y fugaz…

Te jalo del brazo… ya conozco la calle conozco la música… conozco a la gente… y no voy a quedarme a gastar mi tiempo con ellos. Conozco todos los sitios oscuros, hasta los que tengo en mi cabeza…  voy a atarte cuanto más pueda… a enredar tus dedos en mi pelo rojo…

Siempre me dijeron que los hombres se conquistan por el estómago… y eso funciona sólo hasta la cama… entonces es un asunto de piernas y caderas… de espaldas y contorsiones…  pero no hay problema entre mis risas y mi inestabilidad, antes de caer podríamos jugar a la pesadilla completa… desde el amor, a la comida, al amor y los gritos, luego las cosas que se arrojan y se rompen y luego si a decirnos hasta nunca, y hasta siempre… y quizás un siempre nos quedará París.


Así como si yo fuese tuya y tú no tuvieras un sitio al cual regresar. Entro segura como las bestias en su guarida…  se va mi ropa… queda mi pelo rojo  cayendo por mi espalda… veo el espejo del baño, me veo y me encanto…  no me das tiempo, no me das un respiro, me quedo debajo de ti y me siento elevada por los aires cada vez que por arte de fuerza y de la ausencia de mi voluntad, mi posición es cambiada, puedo ver la otra cara de mis demonios en tu cara…  y vuelvo a ser fuego… y sé que de sientes sobre las brasas… somos tinta, carne, huesos y sangre…  y unas exhalaciones y bramidos que se ahogan,  somos violencia…

’Te amo’’  ¿qué me has dicho? Las vías de escape se cerraron hace mucho… y estoy entre la espada y la pared. Tengo el delantal y nada más… ah! Sin la copa de vino y el cigarrillo… arrojo carne a la sartén y la retiro a término medio… mientras me ves cocinar y reír y mirar sin mirar de nuevo… no te pregunto cosas que no me puedas responder, sólo me entretengo con abstracciones que hacen mucho más daño…

Mi comedor de 6 puestos para comer sola tiene otros espacios pero como sentada en tus piernas…  y me dispongo a contarte los cuentos… cuando los parpados te pesan… y te cuento de las personas que si pueden… aunque eso lo sabes bien, para mí son solo cuentos de final borroso…  ¡verdes! ¡Tus ojos son verdes! Y eso será lo que recuerde cuando no tenga más tiempo para llevarme otro recuerdo.  Y entonces se nos ocurre lo imposible y traemos el infierno, y te odio y me odias y me quieres rescatar y se escuchan los reproches a gritos! Y los lamentos de no habernos conocido antes… y las cosas que hubiesen pasado… y las cosas que no se rompen y se olvidan…

Me deslizo  en tus brazos, para sacudirme un poco más pero más suave y más lento… me acomodo y te miro… y en cuestión de segundos, cuando los rayos del sol vuelven, tú estás en tu cama, y yo de vuelta a mi pedestal… cada cosa en su lugar.

Piromanía II

Vamos a ver hasta cuando nos dura la alegría… si la fiesta es corta, pero la edad todo lo cansa…  he pasado tantos tragos, despreciando los dulces… no hay nada más repulsivo que la dulzura hiriendo las fosas nasales. Es tarde muy tarde y a las mujeres que he querido, nunca las he amado como a los hombres, suenan sus tacones furiosos  y  los llantos que no me dejan dormir… me doy la vuelta esperando a ver si se calla…  respiro bajito a ver si desaparezco antes de que la guerra estalle. Me harté, y si no quiero ahogarla con la almohada mejor me visto y la saco de aquí porque no voy a esperar a que amanezca… la lluvia golpea… las botas vaqueras se mojan, la tomo del brazo y le digo a adiós con la esperanza de que entienda que es hasta nunca, que es para siempre…


Me lavo las manos… me lava la lluvia… me duele respirar…  el rojo se destiñe, las caderas de todo se adueñan…   quiero romper a gritos las distancias, y luego pulverizar los cristales con mis pasos de bestia herida y arrinconada… ya antes había estado contra las cuerdas, y antes mi frente tocó el polvo… y ya antes me costó trabajo mirar a través de mis pestañas mojadas tus jodidos ojos…   Nunca me han gustado los romances

jueves, 17 de abril de 2014

A Gabriel García Márquez, por todos los Cien Años de Soledad...

A mí el olor de las almendras amargas me recuerda las tardes azules y lo que se ha perdido,  me hiere la memoria afilada y transversal, mi carne que hirvió bajo el sol  y la sangre que es más letra que sangre… se me van los ídolos y los estantes quedan vacíos, sólo llenos de nostalgias y hormigas rojas, de arañas y maleza, todo lo que se ha aprendido página a página, la muerte no puede arrebatarlo, pero al menos el olvido asestó su único golpe ineludible a la tinta… la carne perecedera, la tinta releída…

Y yo también lo único que quiero ser en la vida es ser escritora. Me huele a funerales caribes la tarde del jueves santo, la lluvia caerá sobre Macondo, y también iré a los golpes y a mis vómitos sobre las cosas que nunca más podré recuperar, yo me quedo sentada con toda la magia heredada con todas las letras aprendidas, y en mi ventana azul, yo morí con el primer libro cuando aún andaba descalza y muero cada vez que  regreso…  siempre quedan las novelas para volver…  ¡déjenme  aquí! Que yo tengo una vejez profunda llena de olvidos, como si alguna especie de ancianidad prematura me hubiese cubierto los ojos con la impresión de hacerme vivir cien años de vaivenes en un par de días, y de seguir en un ir y venir del carajo toda la vida, que no es mucha, pero que fueron varias… 

Yo lo esperaba, esperaba las malas noticias mientras recorría de nuevo el general en su laberinto pensando que algo en común tendría con sus últimos días… mariposas amarillas levantadas desde el polvo de la tierra seca y bermeja, como un presagio de las cosas irremediables, y detrás, lo que se deja es de tal magnitud que no cabe en la voz y la memoria… yo vi perros mordiendo el viento caliente, famélicos en el caribe… y sobreviví a los embates del olvido por la esperanza de una inmortalidad alcanzada por la palabra… déjenme que la guayaba me recordaba  la casa y  los libros… al pueblo pequeño y el árbol cercano… déjenme que se ha muerto la carne y si bien es sabido es perecedera, no deja de lacerar la letra…   

Adiós…  dile a Escalona y a Panero que les mando recuerdos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Piromanía I

Tengo el pelo del color de las fresas y la sangre fresca, los labios rotos, los tacones ruidosos y el vestido contra la brisa; me sacudo las humedades que la lluvia dejó en mi piel y rujo con hambre de mundo y de carne, con rabia entre los dientes y las piernas... cuando pensaban que yo me apagaría, un último grito estalla, se rompen las uñas, rechinan mis fauces, se escapan los engendros de los estantes, mis bestias vivas en mi último minuto, y en este último minuto planeo prenderle fuego a todo, urgencias y piromanía.

¡No me mires como si me amaras, que eso no me apacigua!

No me traerás de vuelta, ya no hay milagros posibles... perdida en mis pesadillas y tus culpas... cuando las luces se apagan, salgo corriendo con el frío quemándome la cara, con la calle y los horrores, gente deforme, alargada y quejumbrosa... madres, esposas, mujeres, vivas, aparte yo que no me reflejo en ellas. Estuve a punto de caer, manos de arena movediza me atrapan los tobillos.

No necesito tu mano, estoy a medio camino de mi pedestal, a medio minuto de la combustión espontánea. 

Estoy afuera en la lluvia y los ojos me arden, he caminado suficiente. Abro la puerta, ya estarás en casa, entre el deber y la costumbre, me borraras al despertar... Mis pies descalzos sobre el pedestal, la piel se fragmenta, fuego, luz, carne y sangre; todo estalla y se comprime de nuevo en frío mármol o en pequeñas partículas de polvo ¿ quién sabe en dónde estoy ahora? Momentos después todo vuelve a su lugar... el despertador, las pesadillas de ojos abiertos, los tacones y el vestido, y todo empieza de nuevo, correr otra vez, arder otra vez, soy Atlas, soy Prometeo... 


 

Alivio

Agua de luna con el sol en la cara,
lluvia con sol... se han ido las nubes.
Una viuda ríe en alguna parte.