martes, 8 de diciembre de 2009

Desintegrada

(Este post es para todos los imaginarios afectados...)
De nuestra época y sus aberraciones, de nuestra fortuna y de la fatalidad de las equivocaciones en estos tiempos están hechas nuestras tragedias, la historia entera plagada de secretos y omisiones, quedamos encerrados en paredes sin aires y los colores se han degradado, que puedo decir entonces… que la nuestra es una edad desesperada y desintegrada.

Si, la desintegración, más severa y tenaz que la de nuestros ancestros, nos amarra la voz a la desesperanza y nos calla de una bendita vez; pobres nuestras almas desamparadas, no han encontrado más refugio que una crueldad permisiva, producto del agotamiento y del cansancio de los hombres y mujeres que ya no luchan porque sencillamente ya no queda más nada porque derramar sangre o sudor, sufrimos por nimiedades ya que las cosas grandes nos dejaron en el piso y sólo podemos ver lo que está en nuestras narices y dejamos de soñar con lo que está más allá.

El vacio de mi época quizás se parece al de las anteriores, pero está agravado por el peso de la repetición, es un suplicio mayor por el peso del retorno sobre los errores generacionales, por el absurdo de volverlos a cometer, por la desazón que da la impresión de no haber aprendido absolutamente nada… espejo tras espejo, y todos quebrados.

Desempolvando los libros de mis culpas y mis errores predilectos busco la belleza en las caídas de pie, y la vergüenza del lodo embarrando el rostro. Las maldiciones de nuestros ancestros nos cobijan porque seguimos revolcándonos en sus actos profanos. Es así como el paraíso se ha perdido a nuestros ojos y los átomos de nuestras almas se transforman para que corrijamos lo incorregible. Tantas reencarnaciones inconclusas.

Es lunes por la mañana y la ciudad devoradora me absorbe. Tratando de no vivir a destiempo, tratando de desaparecer y al mismo tiempo luchando por la permanencia, el hastío es una fuerza poderosa, me hace desistir de importantes empresas, y recuerdo entonces que todo se queda a medias… estoy hastiada, estoy agotada, estoy repetida…

Va de un lado a otro la gente, palpitante y nerviosa, siempre vigilante la gigantesca masa que incrimina y además es verdugo, que juzga y calcula, que mide y culpa. La espantosa muchedumbre me hace sentir mareada, me siento menos humana y más vil, minimizada, llevada por el género y la especie hacia la comunión de la pérdida de identidad.

¿Pero no es acaso la masa una conjunción de individuos? Pero si se acercan demasiado va uno perdiendo la calidad de lo único, de la unidad, no de estar juntos, sino de la unidad de lo uno, del singular, ¿pero la masa es singular? Si, claro, es un monstruo, uno sólo al fin y al cabo, un monstruo que se devoró al resto de los otros, rompió sus límites y los fundió…

“en el otro” y al mismo tiempo para nosotros somos tragados por la masa y ayudamos a su fuerza devoradora a ingerir el resto de los individuos, la multitud, la sociedad, la masa, el conjunto, la gente, la muchedumbre… El único plural sería pues “las personas”, el descubrimiento me lleva a la misma sensación de vértigo, lo demás, el resto, sus ojos se tuercen y se retuercen, los murmullos se multiplican.

La masa homínida que se fabrica de pedazos de humanos desilusionados, somos un cúmulo de condiciones, de restricciones y de temores, ¿quién entonces pagará el rescate por lo que queda de mí o de alguno de ustedes? Me siento secuestrada, diluida y alienada, siento la electricidad desastrosa en el ambiente, calculando metro a metro el espacio vital, que ya se está volviendo en centímetros, midiendo el volumen de mi voz para que no se ahogue ante la gritería que quiere sobresalir, cambiando los compases para no sonar desesperada, buscando los pedazos de mi cuerpo diseminado en la calle, en la universidad, en las camas, en los brazos de otros…

En estos tiempos en los que el amor y el individuo son sólo una leyenda urbana, me he dedicado a buscar las salidas de emergencia, las vías de escape, rompo el cristal y expulso mi imagen desintegrada, traicionada y desmembrada. .. Por lo menos aún respiro, así sea sólo por un impulso masoquista o quizás por la persistencia de mis latidos que se rehúsan a dejarse devorar.


Ya sé, me estoy echando la soga al cuello, estoy sumergiéndome con el secador en la tina, estoy buscando lo que no se me ha perdido y por el otro lado voy extraviando mis malas intenciones, tengo al as de espadas y al de corazones, y en los oráculos las torres caídas y las emperatrices que me acusan, me hacen correr y en un acto clásico de mi naturaleza me arrojo por la borda atándome a lo más pesado… mi equipaje.


Me cansé de ir contracorriente y me ahogo en el mar antes que en la gente y vagabundeo con los gatos antes de caminar con los callejones llenos de los monstruos desechados del postmodernismo… ¿es acaso condenable mi elección?

Un último respiro en la calle fría cuando la jornada laboral termina, salen los empleados, salen las maquinas, salen los épsilon a buscar el soma, a buscar el sosiego de la supervivencia y a descansar en paz cada noche… mueren cada vez que tocan la cama, andan moribundos de lunes a viernes, y los fines de semana en un bar o discoteca al parecer están vivos…

Pero… ¿a dónde pienso huir si con la paridera ya no hay espacio ni para respirar? Un ser humano más en el planeta… invadida, atrapada, asfixiada, nos arrebatan los sueños y las ilusiones para tratar de repartirlas equitativamente, pero somos tantos que quedamos con la miseria y las ilusiones rotas… ¿no te da claustrofobia? Los nuestros son tiempos claustrofóbicos.

1 comentario:

Angel dijo...

wow!!!

"nos arrebatan los sueños y las ilusiones para tratar de repartirlas equitativamente, pero somos tantos que quedamos con la miseria y las ilusiones rotas… ¿no te da claustrofobia? Los nuestros son tiempos claustrofóbicos. "

me encanta ;)