sábado, 31 de octubre de 2009

Good boys don't like bad girls...

(Este texto lo escribí hace un año, este post es para Lau y para agatha, y para otros tantos que somos culpables, para los imaginarios y nunca para los reales... y como diría Montserrat Ordoñez, quiero ser una niña mala)
Afuera la alarma de un carro no cesa, sonido insoportable en la mitad de mi noche larga… si relajo los dientes en pleno embale, puedo sentir el vacio y el desamparo, trato de mantenerlos así, y trato de entender cuál es el problema conmigo. Todo es mera lisonja, mi rostro frio y agudo se clava en el espejo y quizás nunca me había visto más linda qué en este momento de desamparo. Soy de cristal o de hielo, no tengo idea. Siempre hablo de mi porque el resto del mundo ha perdido interés para mi… todos son tan feos tan burdos, y este comentario es tan superficial, pero no por eso absurdo.


Tenemos estados de conciencia diferentes, la mía está ausente y la de él es política y religiosamente correcta. La mía se pierde, no discierne el mal y el bien, la de él es una espada aguda que corta limites y conceptos, estar bien, pero ¿cómo? ¿Acaso estoy mal? El ve al infierno donde yo veo la diversión. No sé quien es infeliz, o no sé, más bien si la felicidad sea una condición estrictamente necesaria para vivir.


Respiro profundo para parar un poco la taquicardia. Mi corazón quisiera salir por mi boca, vomitado, con toda la inmundicia que dice que tengo. Quiere jugar con fuego… pero no es temerario, el siente miedo de quemarse, cuando uno juega con fuego, no está pretendiendo no quemarse, sino vencer el miedo al dolor, lidiar la quemadura… sin lamentaciones, sin nada…. Odio que me desordenen los juguetes.


Juzgo con mis reglas, como todo el mundo, lo que pasa es que la mías son sorprendentemente divergentes, mientras las de ellos guardan cosas en común las mías son totalmente diferentes, sus reglas convergen en numerosos momentos, las mías no, o por lo menos no con las de ellos. El no me entiende, el se asustó.


Ayer me tomaba de la mano y pretendía llevarme al cielo…. ¿Se le olvido que no me dejan entrar allí? El no me mira más… se dio cuenta de que nunca voy a ser la que les presentan a los papás. Yo soy de esas niñas que nadie mira con buenos ojos, pero que eso sí, todo el mundo mira.
Quiero que me critiques menos y me quieras más. Quiero que digas menos cosas correctas y más cosas obscenas. Me gustaría verte despeinado, me gustaría verte rompiendo el orden. Yo rompí las reglas, el orden y hasta el desorden.


“No te equivoques”… carajo! Nunca había escuchado semejante barbaridad… ni siquiera se compara con las que salen de mi boca. No me gusta el sexo me gusta hacer el amor-dice- y a mí se me revuelve la panza y de dientes para fuera le digo: ay! Qué lindo.


Si claro, como si yo me guardara para el príncipe azul. Los príncipes azules en mi vida se volvieron caballeros negros… porque son más interesantes. Pero siempre he tenido el gusto por las cosas imposibles, y los niños buenos son la cosa más imposible. El tonto no aparece, debe estar con su niña buena, y por andar pendiente de él, le perdí la pista a mis niños malos, ahora me quedé sola y con ganas de llorar.

Yo no quiero ser buena, pero él no puede aceptarme así. Ni siquiera él es bueno, porque si fuera tan bueno como dice que es, no hubiese pensado nunca en acostarse conmigo. Y manchar la imagen de su niña buena. La que cuida y la que quiere, la que no es impía como yo. Nadie es tan bueno como se cree…


Heme aquí despierta por un sujeto que si juega conmigo, es porque yo se lo permití. A veces tiendo a creer que la gente tiene derecho a su revancha contra mí. Que sólo en algunas ocasiones debo darles el beneficio del desquite. Está bien… pero termina pronto y por favor no tanto dolor aunque no imploraré piedad.

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