lunes, 7 de septiembre de 2009

A mis oráculos...


(Este post es para Agatha al otro lado del espejo o donde quiera que se encuentre)

Love me! hate me! A quién le importa mientras mi figura te baile en la cabeza todo el día, mientras delires con ahorcarme mientras tiramos y yo me rio descaradamente… matarme y amarme, que me importa si puedo torturarte con la idea de mi cadáver aun caliente en la tierra… soy veneno de ese que no mata de una, sino que te hace descender al fango de aromas agridulces que tiene mi guarida, después de todo ¿a dónde podrías ir si no es aquí?

Soy demasiado pequeña para la bestia que llevo dentro y no hay rock por estruendoso que sea que aplaque a este monstruo que me palpita en la entrañas, que se traga a los hombres y luego mientras duermen y el crimen se ha consumado se larga para que no la vean desmaquillada. No prendo la luz porque he adquirido la facultad de ver en la oscuridad, encuentro mis bragas con facilidad y me escurro entre las gotas de lluvia frías que me recuerdan que siempre ando sola para no espantar, puedo bailar y puedo cantar, puedo ser todo y nada, lujo que me doy claro porque soy bella, las otras plebeyas no tienen más opción que ser lo que ya son y punto.

Ya es demasiado tarde para uno ponerse a contar historias de lo que yo era cuando era moralmente correcta, aunque creo nunca haberlo sido. Tengo los pies pequeños y la piel fría, pálida a ciertas horas del día, el cuello largo y elegante y las mano pequeñas que se lastiman con nada, la caderas anchas y una bonita cintura, mi pelo es purpura por el tinte y se cae el color a chorros por mi cuerpo cuando me baño. De mi boca salen cosas que quiero y no debo decir, y odio demasiado la idea de trabajar.

Se hace tarde y la niña buena se va a dormir, pienso en cobrarlo, ¿qué más da? Si lo doy gratis ¿por qué no? Pero no me gustan los comercios sexuales a la hora de la verdad porque implican cierta posesión verdadera de mi cuerpo inmaculado con el que revuelco a los hombres haciéndoles pensar que siempre me aventajan, hace rato deje de deslumbrarlos con mi inteligencia, y empecé a deslumbrarlos con la de ellos, la tengan o no.

Ahorita mismo ya es demasiado tarde, y aunque piensan que he bebido demasiado, es todo una total mentira, ellos creen que bebo, y a mi no me interesa desmentirlo, mientras ellos se caen yo me voy a mi casa. No todos me gustan, y no a todos los que me gustan los quiero, tengo muchas caras para la cantidad de espejos que tienen las habitaciones, los bares y los baños. Siempre me he sentido perdida y la gente llega a creer que trato de emular alguna heroína de algún libro, ¿la verdad? No, yo conozco mi destino, la suerte se echó hace mucho tiempo y yo no quise cambiarla.

1 comentario:

Angel dijo...

la suerte está echada