lunes, 20 de abril de 2009

echándome la soga al cuello

(este post es para mi hermano, Moncho)
Por: Isabel Bohórquez.
Echándome la soga al cuello… como siempre va mi reflejo por ahí buscando lo que no se le ha perdido, siempre va de lio en lio, de desamor en desamor y al final la nada; peor entonces hasta sus ansias se anulan. Me veo dispersa en retornos eternos… con el abismo cada vez más cerca. Vértigo profundo de los dientes para dentro y ya no hay forma de impresionarme.


La tarde enrarecida por nostalgias de lo que existía antes de la concepción, el amor es una cuestión más nociva. Tomo mi abrigo y me voy a la calle de las baja pasiones*, igual que lo haría en cualquier madrugada abandonada al borde del abismo de las carcajadas infinitas… pequeñas manos y pequeños pies que se mueven buscando lo de siempre… los caminos torcidos, como sueñan y como se retuercen al mismo tiempo… mil caras y aun más tragedias.


Si vas a andar conmigo, seas quien seas… no importa mucho… pero debes olvidar todas las enseñanzas anteriores porque de nada sirven para andar junto a mi… todo lo aprendido debe ser borrado para poder huir a mi lado… no necesitas aprender nada nuevo… no, no es para que tengas que aprender mis costumbres, es para que no tengas terrores ajenos ¡bah! Ya da igual…


Los terrores y espantos de las vidas siguientes, de las reencarnaciones inconclusas, de las pasiones inconexas… ¿dónde putas estamos a estas alturas de la vida? La vida tiene también sus momentos bajos… pero el caso es que el tiempo apremia y nosotros ahí… muy nihilistas y hasta de fiesta… de vainas raras construimos nuestros mundos y de otras tantas lo destruimos, me voy por los lados, por los huecos… y termino siendo como el agua entre los dedos.


Pasajera me levanté de la fuckin´ cama, y Nacho Vegas por ahí cantando la de los días extraños**… eso no ayudó mucho… pero igual sin el sonsonete de la música me detendría fatalmente… la impunidad nos acecha demasiado y las muertes nos muerden los tobillos como serpientes pecadoras… bueno… de ser pecadoras son como hermanas nuestras… el tinto de las mañanas es supremamente importante para fomentar la monotonía… y el alivio que me causa permanecer en las cobijas no tiene precio… el despertador perturba, eso le recuerda a uno que está por ser tragado entero por la multitud y su lugar en ella.


La calle ruidosa y parezco de mentiras, leve y furiosa, flotando por los caminos torcidos… buscando refugios de la tempestad de lo ordinario, un libro de Joyce y la voluntad de leer, debo confesar que hay días en los que hasta los libros me pesan… hoy es uno de esos… o quizás no… mis aversiones académicas y los salones llenos de rumores… los apuntes maltrechos, para qué si igual todo se me olvida…


Un choque y levanto los ojos para darme cuenta de que si conozco al otro, Germán me da un abrazo, de esos que me recuerda que compartimos una soledad que nos hace hermanos; y me voy por los rincones pensando en mis amados cómplices… por ahí Gregorio debe haberme olvidado… es normal… las cosas en desuso se olvidan… el salón me da mareo y pienso en como evadirlo… la vida moderna y todos sus requerimientos y yo que no puedo cumplir nada… no llego temprano… siempre me traiciona eso del espacio y el tiempo… me pierdo en los espejos buscando a las otras Isabeles…


Todo lo que ya no tuvo sentido no lo va adquirir ahora… ¡ya lo que fue, fue y punto! Las vainas son y no son al mismo tiempo, no hay pretextos para acercarse a la gente… y se nos agotaron los textos para abordar conversaciones normales, ¡mejor dicho, aquí todo se jodió! Se nos acabó el espacio… de tanta paridera, cada minutico nace un personaje nuevo, un infeliz o quizás un feliz, el caso es que es otro pequeño que no tendrá ni una oportunidad, ni ilusiones, porque con tanta paridera, ya ni las ilusiones alcanzan para todos, ¡no hay cama pa’ tanta gente!


Y los corazones que vagan por ahí desprotegidos corren el riesgo de convertirse en alimento de cuervos y lobos… y los paraguas no sirven para eso… me quede without a shelter… y eso si que me preocupa… porque siempre tuve bastanticos escondites.


Señorita Agatha levante los ojos para no ver lo que queda en la tierra… me dio por pensar harta basura en la clase… estaba tan distraída… que Isabel por error se me quedó del otro lado y Agatha fue la que bajo… toca esperar el próximo portal abierto a ver si las cambio.


No sé nada de nada… la universidad me da desesperación… pero pues… toca… bonito momento el que se me da para q una ráfaga de pensamientos divagados se me mezclen en la conciencia… conciencia corrupta… el tinto… no, hoy no… quiero comer algo dulce…


Perdiendo kilos y tiempo… que difícil encontrar lo que debería hacer… por eso ando sola para evitar daños a terceros… se me fue la mañana pensando pendejadas y las cosas serias no aparecen… un presentimiento de desastre en tan tranquilo mundo…


Todo el tiempo la tragedia nos espera, nos acecha… y así vivimos… con el miedo, atragantándonos… ¿se me borrarán algún día los pecados cometidos? No quiero pagar por mis actos… y ya no tengo idea de donde estoy ¡ah! Si, en la calle de las bajas pasiones… que anónima soy aquí… tengo que anularme o quizás sólo ponerme un poco de maquillaje… las heridas abiertas me arden más aún en este día sin rumbo…
*derivado de la idea de E. Bunbury de la ciudad de las bajas pasiones (canción).
** canción del disco el tiempo de las cerezas. Dias extraños.

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