miércoles, 22 de marzo de 2017

4

Los ojos, mis ojos insomnes de los que retiro telarañas con mis dedos de larvas, delgadas  y pegajosas, húmedas e invertebradas… mi garganta es un nudo y es el fondo del mar… adentro, muy adentro me lleno de todo y de nada, de todo eso que no puedo abarcar, del borde, del abismo, del vértigo. Adentro, muy adentro, criaturas abisales esperan naufragios en las cuencas y en los nervios, las veo y las siento, depredadores susurrantes y prehistóricos me acechan los oídos… yo soy bestia y no respiro… tengo miedo y está en la raíz de mi pelo que se extiende en esa superficie acuosa sin principio ni final…  mi lengua... un molusco escondido que se niega a articular sonidos... alguna pista más allá de las señales inaudibles... aquí estoy yo... mis huesos son coral y mi piel papel traslúcido por el sudor, sudo agujas congeladas... soy líquida, sin tiempo... soy el miedo, el miedo mismo pendiendo de la frente como gotas, como perlas, como sangre... estoy suspendida y siento la noche, el agua y seres hambrientos que sin verlos me rodean los tobillos.

Yo te vi en la oscuridad, te llamé y de mi boca sólo salía agua a borbotones… salada… oscura e inmensa como los insomnios y los terrores.

sábado, 18 de febrero de 2017

3

Soy Atlas, soy una bestia de carga,
tengo las uñas quebradas,
me cubrí el rostro de ceniza y me alimenté de los minerales primeros,
de los recuerdos,
y de las humedades del rincón y el olvido.
me sabe a óxido la comisura de los labios.
soy puerta y estoy cerrada,
soy la casa de la infancia y el no retorno.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Ayer y Azul...



Quisiera ir a ver los inicios de todo, del descubrimiento del fuego y del dolor, del miedo, del hambre y del amor, el momento exacto, la cúspide de lo humano, para poder estar tranquila con el paso del tiempo, con el sonido de la máquina, y el ansia de los dientes y la carne; tiempo antes del tiempo en pantanos humeantes, lejos de la esquina hedionda a humanidad... Viajamos de noche, en silencio como quien escapa, lejos de los pueblos vivos, lejos de este calor. Salí de casa a los 16, y todo lo he hecho terriblemente mal desde entonces, es torpeza principalmente, pero siempre extrañaré la casa, y el monte lejano, las iguanas y las brujas, las lloronas y las mohanas, las canoas cerca al muelle que de noche me asustaba, lo miraba por la ventana del carro, con vértigo, como si la inmensidad me golpeara la cara y el Magdalena oscuro me rompiera los huesos sin tocarme, comprimida e impedida para nadar por todos los miedos primeros, porque nunca gateé, porque nunca respiré más allá de la puerta de la casa, porque la incertidumbre era un fantasma de afilados colmillos que dormía entre las palmas agitadas por las tormentas eléctricas que ocultaban mis cortinas con garzas dibujadas... 

La sangre nunca me tocó ni la punta de un dedo del pie, y evitaba a toda costa que el polvo amarillo y reseco por el sol tocara mi rostro. Afuera, todo lo vi desde afuera, perros famélicos mordiendo el polvo, mosquitos llenos de sangre volando pesado, hormigas rojas en las grietas del piso, morrocoyas de caparazón hirviente, mariposas sofocadas anunciando visitas,  Cocodrilos de hedor mortecino cosechaban cadáveres desmembrados ensopados en la ciénaga, afuera en el peligro, el olor gritaba... No me vieron descalza los que ahora me ven... Mi pelo era más negro que la noche del río, y lo teñí para darle la violencia de las esquinas, de la guerra y del amor... ¿En qué lugar se encuentra la llama de las lágrimas y los abandonos? Yo tenía miedo, yo la escondí en el frío y en el tráfico. 

No me mire como esas personas que van dos días al mar y vuelven iluminadas, ni como esas que pisan el polvo desde la otredad... Ud puede ver pero no ser... Puede venir y sentir, pero no ser... Porque yo soy de todas partes... Soy camaleónica para poder sobrevivir, para que no se vean mis raíces, y para que no se sepa cuanto tiempo llevo aquí, o allá... Yo viajo de noche, como quien se escapa... Tengo calor y la punta de la lengua está afilada... A todos los quise, así sea por respeto y por rendir recuerdos, no duermo temprano, pero duermo mucho, a ellas no las quise tanto, fue la histeria... Dios sabe que le temo porque rezo todas las noches, para pensar en lo bueno que me queda.

No hay que desviarse, creo firmemente que las cosas salen mal desde la cuna... Y no por mi mamá sino porque yo venía al revés, me senté para empezar a hacer todo más difícil, y estudié todo lo que no sirve para nada, tengo todas las habilidades inútiles, y muy pocas ganas de mostrarlas, aprendí a bailar de milagro, porque mis pies le temen a las escaleras, pídele a Dios por mí mamá, porque a veces me caigo, y más por ingenua que por torpe.

Campos espectrales de luciérnagas ensordecidas por los grillos... Tengo miedo de no volver, y  silenciosa trato de adivinar mi propia muerte, la construyo en mi cabeza, me olvido y me lloro… somos todo aquello que no es… no hay manera de anticiparse a los giros de la muerte, ni de la fortuna… mi mala sangre me guarde, mis ojos nublados no la verán venir… esa muerte silenciosa que me asusta con su nada cuando no hay nadie, y el corazón me golpea el pecho, y mi cabeza repasa estrategias de despedidas y partidas. Dejo mi mano colgando de la cama…

Pasa el gato, y pasa el tiempo escondido entre sus garras, me estoy haciendo vieja… y de repente todo me aburre, respiro con dificultad, soy una bestia prehistórica.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

2

Yo comí de la carne y ceniza en el borde del andén,
yo fui el atardecer, el calor y el mosquito,
las fauces y el polvo;
el sol me abrasó la espalda, pegado a la espina y las costillas.
Te vi en la sequía, te vi en espejismos,
levanté los pies cuando llegó la inundación,
levanté la cara con el agua al cuello,
reí y me sumergí.

1

Tengo cuatro brazos y la lengua en carne viva,
que repta por las brasas de lo irrepetible y los indecible,
Yo sé cómo nacen las serpientes, y el origen, el mal y el talón.
Hay firmamentos que se caen los domingos...
y cuando la muerte llame a mi puerta, la atenderé, como al fin de la lluvia, así no sea para mi;
la sentaré en mi mesa junto al pan y el miedo,
y será la hora de saber si la eternidad no es más que una noche sin sueños ni alba.

jueves, 14 de abril de 2016

En el alambre y en el rincón...

Tengo todas las edades en mis pupilas de petróleo, tengo todos los silencios atorados, tratando de volver río arriba al paladar... Y miro sola la noche que cae sobre todo eso que ya no nos queda... Sobre las demás cosas que para nada me pertenecen, las vidas que no quiero mirar, las caras de las que huyo y la bulla que traen con ellas, gente que grita, que se amontona, que se ahoga y no se da cuenta, que se muere o está muerta y no quiere creerlo. Son golpes suaves al cristal con la yema de los dedos, es la aguja del tacón haciendo un único punto de presión en la carne o en el vidrio, todo es estéril... Todo está cansando... Yo misma estoy cansada, y trato de poner mi cabeza con fiebre lejos de la calle y de mis miedos... Son latidos y señales, bajo las tablas y las pestañas... No entiendes, es como mirar al abismo y ser jalada por la punta de mi pelo, por el peso de la frente... Mis manos van a la cabeza, y me recuesto contra la pared, cayendo... Un disparo en el centro del pecho no hubiese sido tan devastador... Y aun así siento el calor tratar de levantar la piel y la carne... Y los huesos... Parpadeo y respiro incrédula... Me miran... La gente me mira... Yo también me miraría si fuera ellos... Y a veces los miro a ellos, tengo todas las vidas de los gatos y miedo de saltar...



Me contradigo desde las entrañas, desde la médula, me persigo desde la carne, desde que soy y muero. Tengo poco tiempo y sin embargo espero con los ojos bien abiertos como la creación respira, se exalta y vuelve a dormir.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Formas anfibias.

Aislada, no me acerco porque tengo la idea de ser una estatua de sal...
me mantengo a un lado de la gente, o los miro desde arriba o lo hago desde abajo, luego atrás, y finalmente sumergida... ya he adquirido esa capacidad de no apagarme en el agua y de poder respirar bajo tierra. Quédate callado, que si me viste alguna vez hoy ya estoy extinta.

(Fragmento de algo que escribí en vacaciones y se me fue en la lavadora... hoy encontré lo que sobrevivió en el bolsillo de un pantalón)